Él cuestiona sus propias decisiones, sufriendo por las consecuencias de lo que pudo haber sido diferente. En las noches su mente divaga en historias falsas que no saldrán de allí, una triste pero creativa imaginación.
Camina entre la multitud tratando de analizar sus rostros. Intenta leer algo de historia en aquellas expresiones que pueda copiar. Traer consigo algo de emociones que le permitan sentir la vida como se supone debía ser. Un pequeño atisbo de lo que se le prohibió conocer.
Escribe historias únicas en su cabeza y piensa que pudiera hacerlas realidad. Ser interesante y llamativo para las mujeres o para los hombres quizá. Que un día alguien se siente y le pregunte como se encuentra. Que alguien le sonría y comiencen una conversación que termine con un “fue un placer”.
¿Qué queda de su vida si más nada sucedió? Entre todos los que viven, a él le toco la vida del perdedor. Uno que no sufre, o mucho menos se emociona. Sino de aquel que no tiene nada, un sin trasfondo de verdad.
Sólo es un extraño en la historia de los demás, un extra del que todos pasan a pesar de los cuentos que puede inventar. Jamás el protagonista que aparece en la pantalla, nunca el que se posa en los reflectores. Sólo la silueta detrás, para no hacerles la vida tan vacía a los demás.
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